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Macetas de colección

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Kintsugi

Por: Epion | Publicado: 24/08/2016 21:16 | | #Cont:2
 

El kintsugi es el arte de reparar cerámica con oro. Leído así, suena raro, ¿cómo se puede reparar una pieza de cerámica con oro? Eso mismo pensé yo cuando me enteré de que existía este arte. Pero la cosa no es realmente así, en realidad sólo se aplica una capa de oro en polvo después de la reparación. 

Para ahorrarte tiempo, copio a continuación el artículo que figura en la Wikipedia sobre el kintsugi: 

Kintsugi (金継ぎ, Kintsugi?) (Japonés: carpintería de oro) o Kintsukuroi (金繕い, Kintsukuroi?) (Japonés: reparación de oro) es el arte japonés de arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino. Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia.

La historia del kintsugi (en japonés carpintería de oro) se remonta a finales del siglo XV cuando el shōgun, Ashikaga Yoshimasa envió a China, para ser reparado, dos de sus tazones de té favoritos. Los tazones volvieron reparados pero con unas feas grapas de metal, que los volvían toscos y desagradables a la vista. El resultado no fue de su agrado, así que busco artesanos japoneses que hicieran una mejor reparación, dando así con una nueva forma de reparar cerámicas, convertida en arte.

La técnica y arte de dicha forma de encarar la reparación de los objetos fue tan apreciada que algunos llegaron al punto de ser acusados de romper cerámica para luego poderla reparar con dicho método, sobre la base de que la complejidad de la reparación transforma estéticamente la pieza reparada, dándole así un nuevo valor. De esa manera se da el caso de que antiguas piezas reparadas mediante este método sean más valoradas que piezas que nunca se rompieron. “Si bien el proceso está asociado con los artesanos japoneses, la técnica ha sido aplicada a piezas de cerámica de otros orígenes, entre ellos China, Vietnam y Corea”.

Voy a relatar mi experiencia con este “arte” aplicado a las macetas. Espero que resulte interesante para los amantes de los bonsáis, especialmente si se les ha roto alguna maceta valiosa.

Todo empezó un buen día que vi una maceta de Tosui de las que enamoran a primera vista. Por su tamaño, era una maceta inusual de Tosui: medía 37,50 x 30,50 x 11,70 cm. Y el precio estaba en consonancia con el tamaño y peso. El peso equivale a unas 25 Bigei normales.

Después de meditarlo mucho, pensé que me iba a resultar muy difícil encontrar una maceta similar de Tosui y decidí que viajara de Japón a España.

El día que me la debían entregar pensé: ¿y si llega rota?

Son las cosas de traer macetas de Japón... una parte no despreciable llegan rotas.

Cuando tuve la caja en mis manos, me pareció que sonaba algo dentro. No puede ser, pensé, que precisamente esta maceta se haya roto por el camino. Abrí la caja y descubrí con horror que, efectivamente, estaba rota. En este caso (como en la inmensa mayoría) la rotura se debía a un mal embalaje. Una maceta que viaja tantos miles de kilómetros y es manipulada por tantas manos, debe venir protegida a prueba de bombas. Así llegó la pobre:

El amable lector puede imaginarse el disgusto que me llevé. Esa misma noche llamé a la ceramista Esther Enrich (http://ceramicae.com/) para que me dijera si existía alguna forma de arreglarla. (Era la hora de la cena, pero Esther me atendió muy amablemente, aprovecho para pedirle disculpas por llamar a unas horas tan intempestivas). Fue ella la que me dio a conocer el kintsugi. Estaré eternamente agradecido tanto a Esther como a Josep (http://www.bonsaipepe.com/) por toda la ayuda que me prestaron.

Para no dilatar mucho el relato, miré en Internet dónde se podía comprar el material y al final opté por un kit de reparación japonés (creo que era la mejor opción de todas las disponibles). Así que lo pedí (a Japón, lógicamente) y esperé con impaciencia a que llegara. 

Mientras tanto, me empapé bien en YouTube de vídeos que muestran cómo se realiza la reparación. Cuando recibí el kit, incluso me hice un “manual de instrucciones” propio, basándome tanto en los vídeos como en las propias instrucciones del kit. 

Como decía mi abuelo, los experimentos se hacen con gaseosa, no con champán. Así que decidí reparar una Yixing que había recibido hacía unos meses literalmente hecha añicos y que conservaba porque me daba pena tirarla. Así que me puse manos a la obra con ella. Al final volveremos a hablar un poco sobre esta maceta, ahora nos centraremos en la Tosui. 

El kit contiene varias cosas, pero lo que más nos interesa es el pegamento principal (Pure Urushi). Es un tubo de 20 gramos, así que no conviene despilfarrarlo; otro tubo de 20 gramos de Neri Bengara Urushi que se utiliza como base para aplicar el polvo de oro, una bolsita con una especie de arcilla (Tokono Powder) y una bolsita con polvo de oro. 

El Urushi contiene una sustancia que puede producir una reacción alérgica. Si alguien piensa utilizarlo, le recomiendo ENCARECIDAMENTE que siga bien las instrucciones y no permita que en ningún momento haga contacto con la piel. Se arriesga a pasar dos semanas realmente infernales, aunque compre la “versión Low Allergy”, como yo. 

Primero hay que hacer una mezcla en la proporción indicada (queda más o menos como la cera de depilar) y aplicarla en los bordes rotos. Después, hay que unir las piezas. Al tratarse de una maceta tan grande, la cosa fue un poco complicada. Utilicé cinta de enmascarar (tal como recomiendan en las instrucciones) para asegurar cada parte que iba uniendo. Lógicamente, a medida que se añaden más trozos se descolocan los anteriores, así que hay que ir retirando la cinta y poner otra nueva, hasta conseguir que todos los trozos estén bien unidos. A esta operación se puede dedicar el tiempo que sea necesario, ya que esta mezcla tarda mucho en endurecer. En la foto siguiente se puede ver cómo quedó. 

Después, la maceta tiene que permanecer en un “muro” (es una palabra japonesa que no tengo ni idea lo que significa) durante una semana. El “muro” consiste simplemente en una caja de cartón bien cerrada que debe permanecer a una elevada humedad relativa. Esto se consigue poniendo trapos húmedos dentro de la caja. Yo coloqué dentro de la caja la unidad exterior (sensor) de una estación meteorológica para controlar la humedad, que se mantuvo más o menos en el 60% (era pleno verano y la humedad relativa de la habitación rondaba el 35%). 

Transcurrida una semana, procedí con el relleno de algunos pequeños huecos que habían quedado. Para ello hay que hacer otra mezcla distinta (ahora se emplea la arcilla). Una vez finalizada la operación, la maceta permaneció otra semana en el “muro”. 

Al final de esta semana, saqué la maceta e hice unos pequeños repasos. Así que tuvo que estar en el “muro” otra semanita más. 

La siguiente fase consiste en lijar bien el material aplicado para que la maceta quede completamente lisa. Hay que utilizar una lija al agua (yo usé una de 360 y otra de 500 alternativamente) y armarse de paciencia. El material que se elimina con estas lijas es mínimo, con lo cual hay que realizar tropecientas pasadas, mojando continuamente la lija. Esta operación la realicé en varios días y me llevó unas 5 horas en total. El resultado es éste. Si nos fijamos en la parte superior, las uniones apenas se notan.

Recién salida del “muro”. Parte superior (sin lijar).

Parte superior después de lijar.

 

En este punto, la maceta ya está reparada. Sólo nos falta aplicar el oro en las uniones que deseemos (el oro es únicamente un elemento estético). Para ello, hay que utilizar el “Neri Bengara”. Esta operación es la más “complicada”. El polvo de oro se adherirá a este producto, con lo cual hay que trazar las líneas con un pincel fino sin que te tiemble nada el pulso, aplicando la cantidad justa. Si no, queda una auténtica chapuza.

En este blog puedes ver la foto de una pieza de cerámica reparada con un kit distinto y sellada con plata. El resultado no puede ser más penoso.

http://www.misericordia.co.uk/humade-new-kintsugi-repair-kit-review/

En mi caso, cubrí con oro sólo las uniones de dos laterales. Uno de ellos tenía mucho espacio vacío, sin dibujos, así que decidí poner un “árbol”. La elaboración del árbol me llevó unos cuantos días. Es materialmente imposible hacerlo bien a la primera, así que tuve que hacer rama por rama, dejando unos días entre cada una. Estas son las dos uniones.

Después de la primera pasada (todavía quedan zonas por arreglar)

Después de la segunda pasada (sólo queda lijar)

Comparación: antes y después del lijado final y aplicación de oro:

Y este es el resultado final:

Al mismo tiempo (tuve varios “muros” ocupados simultáneamente) acometí la reparación de otras macetas que había recibido recientemente rotas.

Esta maceta de Akira Souzan fue fácil de reparar. Sólo estaba rota en tres trozos.

Esta Tosui pequeña tenía unos defectos de cocción que disimulé con una capa de oro.

Esta otra, también de Tosui, ha quedado más bonita que originalmente.

Todas las juntas laterales de esta Shuho están tratadas con oro.

Esta Zenigo también fue todo un reto. Había que unir 9 trozos. Al final quedó preciosa.

Esta Yamafusa también quedó más bonita que originalmente. Las macetas esmaltadas con un color que combine bien con el oro son las que más se prestan al Kintsugi.


Y ahora retomamos la Yixing que mencionaba al principio. La pobre estaba hecha añicos, es una pena que no hiciera ninguna foto. Fue la que me sirvió para “aprender”. Sólo le faltan los retoques “finos”, que me temo no haré. Una vez arreglada me sorprendió la solidez, realmente no se notaba que era una maceta recompuesta de muchos trozos.

Cuando terminé de arreglar todas, pensé: ¿muy bonitas, pero realmente servirán para plantar algo sin que el trabajo se vaya al garete?

Así que decidí probar con la Yixing, que era la que mejor se prestaba por la cantidad de arreglos que tuve que hacer. Para que la prueba fuera completa, también añadí un pequeño dibujo de oro en una de las uniones.

Pensé que los 3 factores que más pueden influir en una maceta reparada son la humedad, el frío y el calor. Así que planeé las siguientes pruebas:

- Humedad: tres días completos (72 horas) totalmente sumergida en un barreño de agua. El objetivo era ver si las uniones se verían afectadas de alguna forma.

- Frío: tres días completos en el congelador del frigorífico a –18°C.

- Calor: tres días completos en una zona donde diera el sol prácticamente todo el día (durante los 3 días las temperaturas alcanzaron los 40°C).

Transcurridos los 3 días en el barreño, las juntas no presentaban absolutamente ningún cambio, así que procedí con la prueba del frigorífico.

Finalizadas las 72 horas en el congelador la saqué y la puse inmediatamente en la terraza en una zona en la que había una temperatura de 40°C (fue unos días de ésos que hizo muchísimo calor). La pobre experimentó en cuestión de segundos un diferencial térmico de 58°C.

No resistí la tentación y estuve mirándola los primeros minutos, pensando incluso que podría estallar Sorprendido. La pobre empezó a “sudar”. Había puesto el termómetro encima para seguir comprobando la temperatura y el pobre se llenó de vaho. 

La dejé en el mismo sitio durante 72 horas, sin tocarla, y al final la examiné a fondo: estaba exactamente igual que antes de meterla en el barreño. No sé si las pruebas fueron suficientes, pero lo que está claro es que no se “despega” ni se rompe fácilmente. 

La sufridora en cuestión fue esta maceta. Está totalmente arreglada, sólo le faltan los retoques finos estéticos y la posible aplicación de oro.



 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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